lunes, abril 24, 2017

Relatos distópicos T.2. Arañas de hilo dorado



            Despunta el alba. Timbúes y Huemules se preparan para introducirse en la selva con dirección al antiguo convento Benedictino del Siambón, donde recibirán ayuda para su regreso. A lo lejos se ven cada tanto drones que vigilan el camino.

-          Eleonor. Por suerte en esta parte funciona el GPS cartográfico, así que lo utilizaremos para cruzar por la montaña y la selva.
-          Piero. Yo diría que subamos remontemos el río, la primer parte es de montaña precordillerana pero no tiene forestación, el tema va a ser cuando bajemos a la selva.

            Subir la montaña no era tarea sencilla. El cañadón no era tan accesible y era peligroso pero los protegería en caso de que los drones se acercaran permitiéndoles usar el camuflaje. Una vez en la cima y pasando la montaña, la vegetación comenzaba. Un denso bosque de yungas casi impenetrable los esperaba.

-          Maximiliam. Comenzamos con problemas. Allá abajo parece impenetrable
-          Joaho. Nada lo es, el tema es que no saldremos ilesos de aquí, tendremos raspones para coleccionar
-          Sacha. ¿Uds que opinan chicas, que son las que tienen experiencia en montañas?
-          Natalia. En las sierras cordobesas… esto es otra cosa, la selva encierra otros peligros.
-          Sacha ¿eh?
-          Natalia. Dicen que en la yungas hay pumas, yaguareté, perezosos y muchas aves. Ahhh… y hay que tener especial cuidado con las arañas
-          Piero ¿¿¿Arañas??? Nadie me dijo nada
-          Natalia. Si. Las más grandes, las gigantes, son del tamaño de un plato asi que no se hagan los locos… igual… es mas el miedo que producen que lo que pueden hacerte.
-          Maximiliam. Ya me cansé…¿alguien quiere ir adelante?
-          Alina. Dejame a mí… quien lo iba decir… tan grandote y tan…
-          Todos jajajajajaja
-          Eleonor. En el GPS figura una especie de huella que lleva a una vieja escuela abandonada que se llama Anfama, se dirige montaña abajo, vayamos hacia allí.

            No había drones en esa parte de la montaña. Parecía que iban tocando el cielo porque la huella marcada por los animales que circulaban por las montañas recorría las zonas altas del cordon montañoso. Había algunos arbustos o árboles, no podían determinarlo bien, pero el silencio y el viento los sumergía en una experiencia que nunca antes habían vivido. Luego de unas horas de viaje llegan a la escuela abandonada de anfama donde pasarían noche, previo despejar el lugar de algunos habitantes naturales. Los viejos paneles solares aún funcionaban por lo que pudieron recargar parte del equipo que funcionaba con batería de litio de alta duración. En la neblinosa mañana comienzan a dirigirse montaña abajo al encuentro del Río Grande donde esperaban poder pescar algo para comer, sabiendo que luego la selva se pondía más densa, pero la huella los direccionaría hacia el Río Siambón y de allí al monasterio.

-          Sacha. Llegamos al Río Grande! Tengo hambre y necesitamos pescar!
-          Ruben. Improvisemos algunos elementos. Cortemos varas y armemos lanzas para tratar de pescar en los recovecos del río, armemos anzuelo y usemos las  mojarras como carnada
-          Alina. ¡Se despertó Ruben! ¡pensé que ya no hablaba! ¡Al trabajo entonces!
-          Todos ¡Salvar!

            Una jornada maravillosa, como esas salidas del siglo XX donde los scouts sabían cómo arreglárselas en la naturaleza. Al mediodía comieron unos peces cocidos sobre las piedras, mientras algunos monos los observaban de lejos y los caranchos esperaban las sobras.

            Al dirigirse río abajo la selva se hacía cada vez más tupida y el declive de la montaña era bastante pronunciado, lo que obligó a las patrullas en algunos tramos utilizar sogas por seguridad. Nadie quería lastimarse porque el problema iba a ser grave porque además de que eran buscados, transportar un herido montaña abajo en ese lugar no parecía algo fácil. Tuvieron que realizar una pequeña triangulación porque la zona no permitía el paso, y al ingresar en la selva se encontraron con una enorme tela de araña, en su centro una Nephila o araña del hilo dorado.

-          Ruben. Ayudenme a juntar telas de araña
-          Mariah. ¿Estas loco?
-          Ruben. No, para nada, nos va a venir muy bien cuando volvamos, ya que con la tela de araña podemos hacer sogas
-          Alina ¿sogas?
-          Ruben. Si. La seda es más fina que un pelo pero si por medio de la tecnología de Basurópolis la convertimos en sogas, obtenemos un material muy resistente, una soga de una mena de 0,5 cms podría detener un avión en vuelo, imagínense que con hilos más pequeños podemos construir materiales de campamento altamente resistente
-          Sacha. Bueno… a juntar telas… no todos los días obtendremos tanta cantidad.

            Ya sobre las 1600 hrs retornan la caminata por la selva, donde se sentía el rugir de algún puma a lo lejos y en los arboles una variedad de pájaros de colores estaba a simple vista. Finalmente llegan a la ruta, a solo dos kilómetros del Siambión. Esos dos días habían sido muy especiales, atrás habían quedado las preocupaciones de los drones y de Ciudad Centro. Natalia les enseña una canción.

            El viejo Abad del monasterio escucha un sonido que no reconocía y se asoma por la ventan. A lo lejos ve a un grupo de chicas y muchachos cantando… puede recordar esa vieja canción que había aprendido de niño:

“Vamos Raider toma tu mochila.
Vamos Raider que hay que escalar
La picada que lleva hasta un Rover
Vamos Raider, vamos, vamos ya”


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