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sábado, abril 20, 2013

De la pantalla al cuerpo




               Hace muchos años, en los tiempos de estudiante universitario, me llamó poderosamente la atención el capítulo 4 del libro “La causa de los niños” de la eminente psicoanalista francesa Francoise Doltó.  El capítulo se titula “el encierro” y si Doltó viviera posiblemente opinaría que hemos logrado perfeccionar hasta lo impensable las formas de encierro de los niños, tanto que su vida se reduce  a una pantalla.

             El neoliberalismo creador de las condiciones de vida contemporánea ha llevado a que se construyan ciudades cada vez menos amigables con los niños. Desde los grandes edificios de las clases acomodadas hasta las casas de planes de vivienda para los humildes han reducido enormemente el espacio de juego… ya no hay patios ni galponcitos donde jugar, experimentar, descubrir… la plazita (si la hay) es demasiado chica para albergar a los pobladores del lugar (que no son solo niños). Cuando van a la escuela nada parece cambiar demasiado, el vidrio del colectivo se asemeja a una pantalla por donde se mira el barrio… el marco de la ventana nos recuerda al televisor donde la vida de los otros no se percibe muy distinta a un video de internet 


         Las casas en la antigüedad no eran tan compartimentadas y permitían que grandes y chicos participaran de un mismo espacio literalmente alrededor del fuego… de allí proviene que a la casa de familia se le diga Hogar. En la actualidad cada uno tiene un lugar y no es necesario que se produzca ningún tipo de renuncia porque la tecnología remite a que cada uno puede estar solo con su aparato… por lo que el diálogo se encuentra dañado, imposibilitado. De la misma manera que en un psiquiátrico cada paciente está solo con su mate y su delirio, en la familia contemporánea cada uno está solo con su pantalla… sea de TV, PC, o Celular en un mundo virtual en el que el cuerpo no está en juego… la tecnología ha logrado desalojar una parte importante de la convivencia hogareña.

            ¿Podemos hacer algo desde el movimiento scout a partir de estos modos de construcción de la realidad?

Hacerse cuerpo

            Si en su definición mínima hace muchos años se decía que la salud era el silencio del cuerpo, no es difícil pensar que no alcanza con darse cuenta de que se tiene un cuerpo cuando existe dolor, sino que hay que apropiarse de él para poder hacer lazo con otros.

            Parafraseando a Robert Pirsig en su libro “ZEN y el arte de la mantención de la motocicleta - Una indagación sobre los valores”; si la vida contemporánea se les ofrece a nuestros niños y jóvenes como un viaje en auto donde cada uno tiene su propio aparato y  la ventana cumple la función mediadora de pantalla un poco más grande donde el  cuerpo está anestesiado de sensaciones; el escultismo tiene que ofrecerse como un viaje en motocicleta donde el cuerpo vuelve a ser el lugar donde ocurren las cosas siendo el límite con la naturaleza y los otros… cuerpo vivo, que siente el viento, que suda, que se queda sin aire al pedalear, que hace silencio para escuchar otros ruidos que no son lo de la enfermedad.

            En el escultismo no transitamos por las autopistas para llegar más rápido; transitamos lentamente por los senderos, caminos vecinales, aquellos que al mirar el mapa – y al decir de mi hijo Alexander- se parecen a un intestino porque dan vueltas y vueltas sugiriendo posibilidades de sorprendernos con lugares donde podemos ver y abrigar imágenes y sonidos de la naturaleza con todo los sentidos…  donde viven personas en ritmo con la naturaleza, con otros tiempos, hospitalarias, dispuestas a una buena charla, facilitando que nuestra experiencia sea la de un goce sencillo, sin necesidad de exceso, redescubriéndonos en el relato con el otro.

           Los scouts tenemos claro que subir la montaña es una experiencia personal y de encuentro con los otros… no se puede chatear mientras uno está atento a cada parte de su cuerpo, a los latidos del corazón, sintiendo el viento que golpea nuestra espalda y nos hace dar cuenta que estamos empapados, sosteniendo las mano de quien la precisa, aferrándose a la soga, descansando con poco aire y una fina satisfacción de estar haciendo lo posible. Pero también sabemos que nuestro escultismo no es completo si no orientamos nuestro norte al  encuentro con el otro en el barrio, con el pobre, el inundado, quien necesita de nosotros en persona y que nunca podrá ser reemplazado por un imaginario “click” o “me gusta” de Facebook. No se siente lo mismo cuando el otro se hace carne… nuestro cuerpo se conmueve en todos los sentidos… podemos sentir el dolor que aúlla, la palabra triste, la angustia y la desesperación… y tomamos real conciencia del valor de dar una mano, de ayudar a colocar un ladrillo o acercar un alimento… el otro se encuentra en nosotros y nosotros nos encontramos en el otro y lo que se produce es intransmisible…

            No es posible entender el escultismo si no apuntamos a que cada uno de los miembros del Gran Juego pueda hacerse de un cuerpo propio que se direccione al otro real, y no al virtual que solo es una imagen mas en la pantalla que nos encierra en nosotros mismos


miércoles, marzo 02, 2011

Escultismo y aventura - tercera parte - Buho Terco




La aventura y el arte
Teniendo en cuenta definiciones anteriores decimos que la aventura es una forma de experiencia donde sentimos plenamente la vida y difícilmente podamos avanzar en su entendimiento sin considerar las dimensiones éticas y estéticas que se ponen en juego. Lo estético no es sólo cuestión de imagen; un contemporáneo de Simmel - Sigmund Freud – opinaba que “a la estética no se la circunscribe a lo bello, sino que se designa como doctrina de las cualidades de nuestro sentir”[1], por ello cada vez que recordamos algún suceso aventuroso de nuestra vida nos viene a la memoria una constelación de sentimientos, palabras e imágenes articuladas. No existe apreciación estética por fuera del lenguaje, por ello la construcción de la constelación de la aventura se hace entre el muro del lenguaje y el de la imagen, fuera de ellos encontramos aquello que es imposible de simbolizar y que se denomina real (que no es la realidad, porque esta implica simbolización)
De la misma manera que un cuadro tiene un marco que lo circunscribe[2] y un lienzo donde se pinta la obra, en la articulación ética - estética se conforma un marco simbólico que opera circunscribiendo los acontecimientos y que permitirá ordenar y localizar la experiencia. El lanzarse a la pura contingencia no es aventura ya que no se juega con lo serio. En lo aventuroso el sujeto se dirige a lo contingente con determinados recursos simbólicos – imaginarios que permitirán a partir de las identificaciones y conocimientos adquiridos ir construyendo respuestas ante los distintos sucesos. Si este marco no existiese el sujeto no podría orientarse y responder anticipadamente. Recordemos que lo aventuroso es vivido en cierta ensoñación que es mas profunda cuando más se aleja de lo cotidiano; si el marco simbólico es el del “hombre de los bosques” el sujeto lo vivirá como “hombre de los bosques”, identificación imaginaria (del Yo) en la que se articularán normas, valores y conocimientos que orientarán al sujeto durante el desarrollo de la aventura y ante la emergencia de lo novedoso. En una situación de riesgo psíquico o físico, comprobar que no se posee la destreza que se suponía desencadena la angustia o la vivencia de terror que al inhibir al sujeto suele producir desenlaces trágicos. Si en la ensoñación el Yo se duplica viéndose el sujeto como protagonista de una especie de película donde dispondría de los recursos para hacer frente a lo inesperado se hace necesaria la planificación del aventurero profesional para disminuir la posibilidad de riesgo vital o traumático en quienes deciden vivir la aventura. Cuando esto no ocurre aumenta exponencialmente todo tipo de riesgos psíquicos y físicos con la posibilidad de que el sueño rápidamente se convierta en pesadilla... tengamos en cuenta que las “historias reales” de los aventureros suelen construirse en función de quienes tuvieron buenas experiencias vitales, ocultándose las historias donde la tragedia y la muerte son el desenlace final, ya que esto no constituye una aventura.
Como en nuestra época vivimos en un mundo que exalta lo imaginario por sobre las posibilidades del sujeto; debemos ser muy cuidadosos por el engaño que implican las propagandas que incitan a la aventura, ofreciendo como mediadores diferentes objetos de consumo que van desde el alcohol hasta las zapatillas… El guión publicitario ofrece cosas para que el sujeto se identifique con determinada comunidad de estilo y de esta manera solucione imaginariamente las dificultades en torno a lo real de la sexualidad y la muerte. También debemos ser cuidadosos con las practicas educativas que se constituyen como un delirio teórico compartido suponiendo que a) Simplemente con contar con los elementos el sujeto es capaz de solucionar el problema, por lo que no es necesario alguien que ocupe un lugar de saber para transmitir los conocimientos adquiridos por siglos de transmisión cultural b) Las pedagogías que critican la repetición de la técnica y que la confunden con un objetivo “procedimental” que no necesita ser “ejercitado”.
Nuestro “mundo pantalla” en los niños y adolescentes provoca sensaciones que pueden llevar a situaciones de altísimo riesgo; ser campeón del “need for speed” no me da experiencia de manejo de vehiculos, de la misma manera que fumar determinado cigarrillo que vi en la TV no me habilita para correr picadas en la ruta – aunque lamentablemente algunos lo hacen - Para manejar un auto con destreza deben suceder otras cosas, y es sobre ellas que debe tener efecto el marco simbólico de la aventura que se propone. En la articulación ética y estética las imágenes pueden simbolizarse y las palabras pueden imaginarizarse en el guión de la aventura y en cada una de las expresiones que conformarán su vivencia. Es muy importante que quien se encuentre en el lugar del aventurero profesional sea capaz de transitar por el “cuadro” despertando el entusiasmo de los aventureros. Recuerdo que en ocasión den realizar una excursión con scouts, mientras caminábamos por el cauce de un río en un momento me di vuelta noté en los rostros de los niños un goce que los atravesaba a cada uno de distinta manera (la fantasía de cada uno resonaba en la fantasía grupal); ellos no sabían que el día anterior habíamos recorrido de lado a lado y a lo largo los 500 metros por los que transitábamos verificando la seguridad del lugar por lo que la vivencia de incertidumbre (la de ellos porque nosotros conocíamos la ausencia de riesgos) le otorgaba un condimento especial a una actividad en la que en cualquier momento podría suceder cualquier cosa. Quien ocupa el lugar del aventurero profesional es el responsable de que la aventura pueda ser vivida y por medio de las opciones estéticas que elije – como en este caso-, permitir que un grupo de chicos pueda tener una vivencia de “alto voltaje” sin que exista riesgo para ellos… este manejo de los aspectos imaginarios de la aventura permite la articulación de sentimientos, palabras e imágenes en un relato que en parte será construido y compartido por todos y que en parte será patrimonio singular intransmisible de cada participante.
Es interesante plantearnos que la experiencia de la aventura dentro de su Marco Simbólico posibilita en muchas oportunidades distintos tipos de experiencias que se relacionan entre si: sublimes, de beatitud y místicas. En las experiencias sublimes el sujeto se encuentra con una disposición particular del espíritu en la que cierta representación placentera (aquello que enmarcado en el cuadro) ocupa su facultad reflexiva, por ello Simmel afirma que la aventura sucede en un “no pensar” lo que implica un rebajamiento de la conciencia que permite la ensoñación; lo sublime se encuentra del lado de la contemplación por lo que el sujeto depone la mirada ante la experiencia para dejarse atravesar por ella, provocándole en algunas ocasiones el sentimiento de beatitud o de felicidad plena que para los antiguos griegos era señal de sabiduría. Finalmente la aventura puede provocar que el sujeto se encuentre con una experiencia mística que en el primer texto de la revista (Apuntad Alto! “Volver a BP”) definimos de la siguiente manera: “aquellas experiencias simbólicas, indecibles, que permiten que la individualidad se subsuma en una vivencia de Unidad con Dios o con los Ideales que sustentan el Ser; que sumergen a la persona en un “alto voltaje” produciendo un crecimiento por Identificación al amparo de los Ideales”.
Vladimir Jankelevitch afirma que “las aventuras de los demás o las mias, en tanto que me han convertido en otro o en una tercera persona ante mi mismo tienen por definición un carácter estético”, quizás por ello pasan a formar parte del patrimonio de los relatos de las personas, grupos y comunidades.

[1] Sigmund Freud, “Lo ominoso”, AE XVII
[2] Horacio Wild. Revista Conceptual Nro. 8 - Estudios de Psicoanálisis. Articulo “El ícono, una palabra para el ojo”

viernes, julio 17, 2009

Estética y ética en las construcciones scouts Buho Terco

En materia de construcciones, existen dos días que son particulares en un campamento scout: el de inicio y el de finalización; el primero de ellos es pura potencia, posibilidad; nuestra atención se encuentra ocupada en el armado de nuestro lugar tal como lo hemos planificado, ese espacio natural que se convertirá en nuestra casa durante los días de acampe. En el día final, dejamos el lugar tal como lo encontramos, y las construcciones se desarman para volvernos a casa. Nuestros scouts y nosotros hemos vivido una nueva experiencia que seguramente dejara una nueva huella en nuestra historia.

Existen claras diferencias entre el acampe scout y otro tipo de experiencias de vida en ambientes naturales, como pueden ser el pasar unos días de camping en una playa, en sierras o montañas. Al recorrer un campamento scout luego de su armado, nos encontraremos con una serie de construcciones: cocinas, mesa y bancos, lavabos, portadas, leñeros, cercos, mástil, baños, duchas, depósito de residuos; también podemos encontrarnos con construcciones especiales como puentes, mangrullos, y otras. No se trata de un simple armado utilitario, ya que sería mucho menos trabajoso el llevar mesas de camping y mecheros de gas, de la misma manera que sería menos trabajoso cocinar para todo el grupo, que permitir que los chicos cocinen su propia comida (a partir de la rama scout).

En el campamento scout implícitamente se hallan presentes la estética y ética del movimiento ¿Cómo podemos entender esto?, haciendo un poco de historia sin quedarnos en que Baden Powell fue solamente un militar inglés… imagen achatada de quien pudo haber sido muchas cosa, pero seguro no fue chato. En “Las dos vidas de un héroe”, Bill Hillcourth hace referencia al ambiente en el que fue criado el pequeño “stephe”, que podríamos calificar de vanguardia en relación a la época. Uno de los amigos de la familia, al que se le consultaba por la educación de BP, fue el conocido John Ruskin.

Teórico y crítico de arte, John Ruskin ejerció una enorme influencia en la creación de la hermandad prerafaelita, conformada por un grupo de artistas pictóricos que proponen una vuelta a la pintura medieval, hasta Rafael (de allí su nombre) siendo sus temas preferidos el ideal medieval expresado en los ciclos del rey Arturo, los caballeros de la mesa redonda, hadas, duendes e historias fantásticas; unido a una poética y perfección de las formas pictóricas como respuesta a una época de creciente deshumanización, invitando a nuestra sensibilidad a sumergirse en mundos y valores perdidos. La estética prerafaelita no es tan extraña a nuestra época, basta leer los libros o mirar las películas de “El Señor de los Anillos”, “Narnia”, “Harry Potter” y entenderemos de qué se trata esta referencia; y si no hemos visto o leído ninguna de estas obras, como diría BP “pregúntenle a sus muchachos”.

John Ruskin plantea en sus libros una estética y ética que uno de sus mayores admiradores tratará de llevar adelante: William Morris, creador del movimiento art & crafts (artes y oficios). ¿En qué consiste esta estética y ética? En primer lugar en el rechazo entre la diferencia entre arte y artesanía que se produce en la modernidad; si uno se toma el trabajo de leer a Ruskin por ejemplo en “las siete lámparas de la arquitectura” el planteo es muy sencillo, en una catedral barroca todo es arte, las cerámicas, los bancos, el techo ¿Quién podría decir que es más importante la escultura que se encuentra dentro de la Iglesia que el resto de la obra? Si tomamos en cuenta que la diferencia entre arte y artesanía se establece a partir de que en la modernidad se comienzan a dar los procesos de producción en serie (manufacturas), relegando a lo artesanal como un “arte menor”, es comprensible la segunda gran proposición del movimiento art & crafts (1) que es el rechazo a los métodos industriales de trabajo, proponiendo el regreso al medievalismo en la arquitectura y las artes aplicadas; esto implica un modo de organización particular del trabajo en talleres donde los artesanos trabajan en conjunto, y la propuesta del trabajo bien hecho que sea del disfrute de los que lo adquieren como de quienes los realizan. En la propuesta educativa de los artesanos lo que encontramos es que la educación artesanal siempre transita por la transmisión popular, de maestro a aprendiz, de padres a hijos, de hermanos mayores a menores, entre vecinos…

Habiendo introducido en los párrafos anteriores, algunas ideas respecto de la influencia directa de Ruskin, los prerafelitas y la influencia indirecta de art & crafts en Baden Powell, les propongo nuevamente volver a las construcciones del campamento scout solicitándoles un esfuerzo para ubicar el por qué la afirmación de que en las construcciones de campamento se encuentra implícita la estética y ética del movimiento.

En el campamento scout los cubiles, rincones de patrulla, base taller, Kraal, espacio de los dirigentes, espacios generales; realizan una operación estética caracterizada por la utilización de las “artes scouts” permitiendo que cada uno de los lugares se construyan artesanalmente pensando en la comodidad de los que van a utilizarlo, y en el disfrute de quienes lo visitan. Las construcciones en el campamento scout armonizan con el medio natural transmitiendo parte de la filosofía del movimiento en la que se convive en y con la naturaleza, utilizando aquello que ella nos brinda para hacer habitables -como pequeños artesanos artistas- los lugares por los que circularemos. Los criterios no son simplemente utilitarios, ya que podría comerse en el piso, pero en la estetización del ambiente optamos por construir mesas firmes, probamos su firmeza, valoramos la belleza de un buen amarre o la colocación de un bulón de madera construido para la ocasión; de la misma manera que quien sabe construye con quien está aprendiendo porque toda la tarea de construcción es un gran taller de trabajo, donde se enseña y se aprende, donde lo soñado y planificado es puesto a vista de todos.

Con la habilidad de las manos:

No podemos hablar de “artes scouts” sin hacer referencia a aquello que facilita que lo soñado y planeado sea posible: las manos. Recuerdo que hace unos años un amigo dirigente me pidió que leyera del conocido libro “El Gran Juego” de Aristeguieta Gramcko, un punto muy bello donde escribe sobre “la mano creadora”; allí el autor trata de dar respuesta a una pregunta que se realiza: “¿por qué que Baden Powell eligió la mano y no la lengua? En otras palabras, la capacidad de hacer antes que la capacidad de hablar. En esto es notoria la sabiduría contenida en el Gran Juego para desarrollar la personalidad del niño”.

Aristeguieta Gramcko se pregunta y se responde, y aunque podamos acordar en líneas generales en lo que dice, pareciera que para responder lo que se pregunta hace falta un esfuerzo mayor, que va más allá de incluir – como lo hemos hecho en el punto anterior - personalidades y movimientos de la época que influyeron sobre Baden Powell (Ruskin, Prerafaelitas, art & crafts), buceando más profundamente y reduplicando la apuesta para intentar responder por qué la pedagogía scout se basa en el desarrollo de la técnica.

Un primer punto sería refrescar algunas cuestiones de la historia, para recordar que fue el filósofo griego Anaxágoras el primero que planteó la importancia de la mano en el hombre, otorgándole a ella el papel fundamental en el proceso de evolución que culmina con el desarrollo de la palabra y el pensamiento. Generalmente creemos que primero pensamos y despues hacemos con las manos… pues bien, para Anaxágoras (y aun hoy en los sistemas educativos de distintas culturas originarias) es a partir del hacer uso de la mano que se desarrolla el aprendizaje, un “aprender haciendo” que no se vincula a la “Escuela nueva” sino a la más vieja de todas... Caramba. ¡Que problema para los pedagogos scouts!

Federico Engels, afirma en su libro “La dialéctica de la naturaleza” que gracias a la especializacion de la mano el hombre se diferencia del mono; aparecen las herramientas, y con ellas la accion transformadora de la naturaleza mediante el trabajo. Sin la mano hubiese sido imposible que el cerebro se hubiera desarrollado, porque en el hacer - productivo surge la conciencia y a partir de ella es posible pensar las condiciones para obtener un producto y sus resultados prácticos, luego se evidencian las leyes de la naturaleza para que puedan ser entendidas, comienza la interrelación con otros, porque el trabajo se articula con los demas posibilitando la cooperación.

Sabemos que los órganos de lo sentidos trabajan de forma combinada y que cada uno de ellos es una zona fronteriza entre el interior y el exterior, donde no es claro que es lo que está dentro y que está fuera. De los cinco sentidos: Vista, oído, gusto, olfato y tacto; por medio del tacto realizamos acciones transformadoras en la naturaleza; el resto de los sentidos se reordenan a partir del que hacemos con nuestras manos, y cuando trabajamos con ella es como si lo que está dentro toma forma en el afuera por mediación de nuestras manos.

Hay dirigentes scouts que sostienen que el conocimiento se basa en la experiencia –que incluye la repeticion- confundiéndola con empiria (1); planteando un ideal de hombre (y de niño) sin cultura, el cual podría inventar todo ¡hasta el lenguaje! Este error gravísimo que se comete desde algunas pedagogías se cimenta en la destrucción de la cultura y las tradiciones como constructoras y depositarias de saberes transmisibles que son acumulados durante distintas generaciones para pasar de una a otra del maestro al aprendiz, de padre a hijo, de hermano mayor a hermano menor.

Estas pedagogías plantean que donde se producen los saberes existe una especie de sujeto ideal donde el aprendizaje se produce vía una “experimentación” excenta de conflictos, que da siempre buenos resultados. Generalmente acompañan su pensar educativo con una crítica a las costumbres, tradiciones y rituales scouts (o de cualquier otro tipo de agrupupamiento), y a la continuidad que se produce por ejemplo en sostener los nombres de las patrullas, los usos y costumbres … en fin, lo que se llama cultura grupal y que evoluciona sola, que no puede ser eliminada por un decreto del Programa Educativo.

Los defensores de este “cognitivismo inocente” - que desde mi punto de vista, tanto daño ha hecho al escultismo- suponen que todo puede “descubrirse” e “inventarse” en el momento, ya que las reglas son previas (apriorismo) y pueden ser descubiertas por el cerebro… Esto constituye la máxima negación de la cultura que puede ser posible. Recuerdo una clase de antropologia cultural donde el docente explicaba la diferencia entre el hombre y el animal, y de la simple “experiencia” con la técnica. Decía que cuando un esquimal clavaba su arpón en el pez, generaciones de esquimales se encuentraban presentes en ese acto; porque el hombre es un ser de cultura que puede acumular y transimitir las experiencias generación tras generación. Con el esquimal y el pecesito la cosa parece muy inocente, pero si no pesca se muere de hambre él y su familia… si lo pensamos con un africano y un león ¿cuántos hombres se comieron los leones para que pueda desarrollarse las herramientas y la técnica que les permita cazarlo o defenderse? ¿O a sus hijos lo mandaban al rito de paso sin conocimientos previos?. Es importante preguntarnos ¿Cuánta empiria es necesaria para producir un conocimiento cultural válido? ¿Cuánta empiria es necesaria para “descubrir” las leyes “a priori” que se encontrarían en la naturaleza y que el cerebro puede descubrir? ¿le sirve al africano el “cognitivismo inocente” que se ha postulado para las actividades scouts? A nadie se le ocurriría decirle a sus lobatos que se tiren al agua en el río porque empíricamente aprenderán a nadar; de la misma manera sucede con el fuego, las construcciones y todo lo que hace a las artes scouts: no se conocen por empiria, sí se hace experiencia con la técnica, y esto es claro en “Escultismo para muchachos” donde a la enseñanza de la misma, los juegos tienen por objeto hacer experiencia a partir de la repetición, para que en el campamento donde la cosa es un poco más seria no nos encontremos con sorpresas desagradables que pongan en riesgo el Juego y la vida de los chicos.

El saber – hacer de las artes scouts podría circunscribirse a un espacio donde todos los sentidos se ordenan para que, con nuestras manos se establezca una frontera interior – exterior entre la Idea y el producto. Es muy interesante la etimología de las palabras; Idea originariamente se refiere a una Imagen, como por ejemplo puede ser la de una mesa de troncos. Producto hace referencia a que esa Idea es llevada en lo que sería un pasaje interior-exterior de la idea al producto. Este proceso para que sea un saber- hacer no se realiza por vía de la empiria; podemos tener la Idea de una mesa pero en el momento de llevarla a la vista no funcionar, no tener idea como hacerla, ir experimentando una y otra vez con distintas formas de armarla, y el resultado probablemente no sea una mesa. En el saber – hacer de los scouts utilizamos la técnica, que podríamos definir como el conjunto de saberes relacionados a los materiales que utilizaremos, las herramientas necesarias y su usos, las formas de trabajo con cada uno de las materias utilizadas. A decir de Aristóteles quienes conocen la técnica saben de las razones de las cosas… y por medio de nuestras manos los scouts, haciendo uso de la técnica, logramos el producto acabado de nuestras ideas.

(1) En aApuntad Alto ver el escrito “El movimiento scout: ¿cercano al art & crafts o al escolanovismo?”
(2) En Apuntad Alto ver el escrito “Sobre la técnica scout”

Escultismo ¿parte de la ciudadanía activa? ¿o del movimiento de antihéroes?

                 Vivimos en un mundo donde los “antihéroes” se plantean como modelo social. Sus valores se han convertido en los “nuevos” va...