Vivimos
en un mundo donde los “antihéroes” se plantean como modelo social. Sus valores se
han convertido en los “nuevos” valores sociales y si como dicen, de lo que se
trata el escultismo es de los valores de los jóvenes la pregunta obligada es
¿el escultismo ha abandonado el discurso heroico y se ha impuesto poco a poco
el discurso del antihéroe como modelo educativo?
En
primer lugar, es posible determinar quién es Héroe y quien en oposición, es el
Villano… pero ¿Qué estatuto ocupa el antihéroe? ¿Cuál es el límite entre el
antihéroe y el villano en un tiempo sin héroes?
Si el Villano se opone al camino del héroe, ¿Qué
hace el antihéroe?: lo subvierte. En el camino del héroe el Ideal siempre es del
Bien Común, en cambio en el camino del antihéroe lo que encontramos es una
oscilación entre el bien y el mal cuyo norte es el interés personal,
pretendiendo imponer al resto su forma de ver el mundo.
El
móvil ético del” antihéroe” no es el bien común sino su “moral individual”
pretendiendo ocupar el lugar de Policía y Juez Supremo sin preocuparse por las consecuencias.
No hay dilema ético, porque se constituye como Amo de la ética, ocupando todos
los que no estén de acuerdo con el/ella el lugar de la inmoralidad.
La
condición antiheroica se funda en la sospecha y el cuestionamiento sobre lo
Heroico, señalando que los “supuestos héroes” albergan una intención oscura de
maldad ¿acaso nunca escucharon que los que aspiran al bienestar de la sociedad
en realidad son ladrones que pretenden regalar los recursos de los ricos?
El
otro día comparaba la tarea de dos scouts que son parte de partidos políticos.
El primero de General Pico solicitaba que se retire la ayuda social municipal a
los más pobres que no poseen vivienda propia y que se les brinda apoyo económico
para afrontar alquileres (recordemos que la vivienda es un derecho que debe
garantizar el Estado: CN art. 14bis) en una época donde algunos están con
trabajos tan mal pagos que no alcanzan a pagar el alquiler sin tener acceso a
la tierra para construir su vivienda. Este “scout” solicita que la “Ayuda
social” pase a un sistema de préstamos o contraprestación a ser devueltos con
horas de trabajo comunitario (como una probation por ser pobres), no utiliza la
misma lógica para el asfalto gratuito de los piquenses que elevó el valor de
sus propiedades y que también pagaron los que hoy necesitan de la “ayuda social”.
La otra, Guía, en Madryn reclama que las tierras públicas que por Ley estaban destinadas
a los vecinos para la construcción de vivienda única no sean entregadas a la
especulación inmobiliaria como pretende hacer el actual gobierno provincial. Ante
una problemática de vivienda, dos actitudes distintas, ambos fueron “educados
en valores” ¿pero en qué valores? ¿son los mismos los de uno y otro?. Merece la
pena preguntarse…
¿En
qué momento comienza el viraje que hoy naturaliza al “antihéroe” como modelo de
vida, lo que lleva al tribalismo actual hecho a medida de los verdaderamente
poderosos?
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En la
década del 90 toda institución o persona que aspiraba al bien común o trabajaba
por los otros comienza a ser sospechada de “malas intenciones”, mientras
quienes aspiraban a su propio interés (los antihéroes) son presentados como
verdaderamente honestos ¿acaso no escucharon que las grandes empresas que
destruyen la naturaleza y pagan horribles salarios pretendiendo cero impuestos o "regalías" de lo que es propiedad del pueblo son los honestos de este mundo? ¿o que los genocidas y quienes destruyen países
en “guerras preventivas” en función de intereses corporativos o por creerse simplemente
los Amos del universo son víctimas del supuesto ataque de sus enemigos?
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En la primera década del 2000 comienzan a
aparecer series televisivas donde la relatividad moral de los protagonistas es
la característica principal, de hecho, las novelas donde narcotraficantes son
protagonistas tienen un auge poco visto con anterioridad. El héroe clásico se
ubica en un lugar marginal mientras los antihéroes emergen siendo el momento
culmine en “Jocker”. Ya no son los valores de Harry Potter o “el Señor de los
Anillos” con los que se identifican las nuevas generaciones, sino otros. Ese ambiente de los cómics y series, genera la moral de nuestra época.
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Actualmente el Heroísmo como tal es concebido de
forma negativa por los distintos medios, el ideal que proponen una y otra vez
es el propio interés y el poder ya no se disimula, lo vemos matando gente y
destruyendo países de forma obscena, ante la impotencia de cualquier organismo
que en nombre de “valores universales” pretenda oponerse, incluso es capaz de
quitar una tarjeta roja en un mundial de futbol.
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Quienes ayudan a los demás son vistos como
delincuentes, sea la flotilla Sumud que pretende llevar alimentos y medicinas a
Gaza, o la Iglesia Católica argentina la que según el Jefe de Gobierno porteño no
debiera entregar ropa y alimentos a las personas que están en la calle o que
están hambrientas.
“La
peculiaridad del antihéroe surge de su configuración sicológica, moral, social
y económica, normalmente traducida en términos de descalificación. En este
aspecto, el estatuto del antihéroe se establece a partir de una desmitificación
del héroe [...], del mismo modo, la transición de la epopeya a la novela,
banalizando la figura del protagonista y presentándolo con frecuencia con
defectos y limitaciones, constituyó también un factor de desvalorización que ha
de tenerse en cuenta. Presentado como personaje traspasado de angustias y
frustraciones, el antihéroe concentra en sí los estigmas de épocas y sociedades
que tienden a aislar al individuo.”[1]
[1] Carlos
Reis y Ana Crisina Lopes, Diccionario de Narratología, trad. Ángel Marcos de
Dios (Salamanca: Ediciones Colegio de España, 1996), 23
