lunes, marzo 12, 2018

Niño robot ... ¿scout robot?





            Si estás leyendo este texto alguna vez fuiste niño. Alcanzará con cerrar los ojos para volver a re-encontrarlo bajo la cobertura de adulto que nunca termina de ser. ¿Acaso “la adultez” no es una forma especializada de juego?

            Con los años vamos adquiriendo la habilidad para ocultar e ignorar lo doloroso en la infancia que sin conciencia repetimos diariamente como una marca de fuego en los vínculos con los otros y la vida. Luego los pedagogos e ingenieros sociales redoblan esa apuesta afirmando que los afectos y la historia cuentan poco para la educación, que lo que pensamos y hacemos es cuestión de distintas operaciones que el cerebro puede realizar amputándonos la posibilidad de una mirada épica y poética de la niñez, del amor, de la vida que en definitiva es lo que permite aprender a hacer con la existencia… Como decía Marechal “El hombre que construye a Robot, necesita primero ser un robot él mismo, vale decir podarse y desvestirse de todo su misterio primordial”

             Quizás para seguir evitando la conexión con lo más autentico de la infancia se hace tentador pensar la niñez a partir de un conjunto de objetivos  educativos que descarta el carozo del ser, reduciendo la vida a un conjunto de operaciones lógicas – computacionales… nadie que se encuentre en una honesta relación con su infancia (o que al ser padre arrope un hijo entre sus brazos) puede adherir a un cognitivismo victoriano que amputa lo que nos constituye… porque estamos hechos de palabras y silencios, de amor y sufrimiento proponen como antídoto a la vida (y a la muerte provocada por el enriquecimiento de muy pocos a costa de la explotación y abandono de muchos otros) teorías que miran la infancia desde una perspectiva que pone entre paréntesis el amor y el dolor, la vida y la muerte, el abandono y la esperanza, la violencia y la caricia… trampa perfecta para pensar en un niño-computadora con su cerebro habitado por la posibilidad de realización de determinadas operaciones cognitivas que se siguen unas a otros de acuerdo al momento  del crecimiento que se encuentre (la verdad de Perogrullo es que sobre el crecimiento no tenemos ninguna influencia excepto en propiciar las condiciones necesarias para el desarrollo biológico) y que tiene las mismas posibilidades sin importar su situación económica y social…

            ¡Hay que alejarse del barro con el cual cada uno está construido y quitar la responsabilidad a los Estados, a quienes “educaron” y a las decisiones que hemos tomado siendo niños y que dejaron su marca!

            Ese cognitivismo victoriano que proponen está formado por distintos elementos… (1) creo que el primero de ellos es la cobardía, en tanto se evita el contacto con aquello que ha determinado nuestras propias vidas, y como educadores, de aquello que puede ser determinante en la vida de otros. (2) Es engañoso porque desresponsabiliza a la propia familia confundiéndose con una especie de gesto de amor y piedad de todo aquello que no pudieron ser o hacer para nosotros; pero se transforma en lo contrario cuando se comprueba la impotencia que este sistema educativo genera, lo que lleva a culpabilizar a los padres de los niños… la crueldad muchas veces se relaciona con aquello de lo que nada queremos saber sobre nuestra propia historia (3) Nos permite ignorar que somos lo que somos por las circunstancias políticas y económicas más nuestras decisiones posibles, y a su vez ignorar el papel de las circunstancias políticas y económicas de los niños más vulnerables que concurren al grupo scout… si es que concurren.

            No hay “mentoreo” liberal que funcione para quienes viven en la exclusión, porque ellos muestran una cara de la verdad insoportable para quien se acerca con las mejores intenciones. Será la posibilidad de encontrarse con un grupo donde ser par con otros, y con un dirigente que le permita descubrir cómo valerse de cada una de las marcas de su historia. No hay que equivocarse… la brisa de deseo es la que permite orientar la vela para construir un proyecto y un sentido… Baden Powell de alguna manera lo sabía en tanto construyó el escultismo apuntando a una niñez desamparada por la miseria o la abundancia.

            Los niños, especialmente los mas desamparados, no resisten un abandono mas por parte de los adultos que se olvidan del barro con que están hechos para ocuparse de ser agentes del mercado laboral que tienen por función hacer todo lo posible para adaptarlos a un mundo injusto, donde no cuentan y por ello deben aceptar cualquier tipo de condiciones que pongan los poderosos.

            ¿Pensaron por qué las Organizaciones que según su objeto están en función de los niños y jóvenes ya no producen libros para los niños y jóvenes sino se ocupan de editar enormes cantidades de módulos de formación para los adultos? ¿Piensan que la política de escultismo parlamentario no es el mejor ejemplo de darwinismo social donde la representación de los “jóvenes” es llevada adelante por chicos y chicas de clase media y buena educación, planteando como “consenso” lo votado que gran parte es resultado  de la retórica de quienes “mejor hablan” teniendo más posibilidad de argumentar, eliminando lo que ha sido opinión de los que quizás cuentan con menos recursos simbólicos y viven una realidad mas cruda? Al cognitivismo victoriano poco le importa la realidad de los niños en riesgo, quizás porque no apunta a ellos sino a que a que los adultos armen y amen su propio ego-discurso constituyéndose en instrumento de repetición ideológica que busca de todas formas que se ignoren los determinantes de los que pasa en lo social… eso no es sin consecuencias porque se puede elegir ser parte del problema o de lo que apunta a la solución.

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