domingo, octubre 02, 2011

Mural en memoria de Scouts y Guias victimas del Terrorismo de Estado



            Para los adolescentes y jóvenes que en la actualidad participan de las distintas secciones/ramas del movimiento scout,  la dictadura militar vivida en Argentina entre 1976 y 1983 es un dato de su pre-historia. Lo que les llega es el relato de lo ocurrido en un momento en el que aún no habían nacido. Por suerte a ellos no les ha tocado vivir esta experiencia, aunque sí han vivido otras que podríamos llamar crisis económicas post- dictadura que tienen estrecha relación con la continuidad de las políticas económicas impuestas durante el Terrorismo de Estado. 

            A veces el miedo cala muy hondo e inmoviliza… aún hoy casi 30 años después del retorno de la democracia a las personas, a los grupos y las instituciones todavía les cuesta hablar de las guías y scouts víctimas del terrorismo de Estado en la Argentina… y me animo a decir que lo mismo ocurre en el resto de América Latina, lugar donde la doctrina de la seguridad nacional masacró miles de jóvenes, y donde aun hoy en gobiernos democráticos comandos parapoliciales asesinan a quienes luchan por un mundo un poco mejor, que incluya a tod@s  

            Es importante encender la luz para que se disipen los fantasmas del pasado… y los del presente, porque a veces se cree que juzgar criminales o hablar de adolescentes y jóvenes que fueron parte de nuestros grupos y de nuestra historia como movimiento scout no es conveniente, pareciera que la memoria fuese una especie de capricho de los familiares de las victimas perdiendo la dimensión de que todos fuimos víctimas, por eso debemos recordar, para poder sanar nuestras heridas, sabiendo que no es sin cicatrices. 

            ¿Cómo explicarle a un adolescente y joven qué ocurrió en esa época en nuestro país? ¿Cómo contarles que hubo un tiempo en el que las personas queridas o conocidas dejaban de estar con nosotros? ¿Cómo explicarles que por manifestarse reclamando derechos alguien podía “desaparecer”? ¿Cómo explicar que mucha gente se quedo esperando a sus hijos llegar a casa, y al salir a buscarlos la única información que obtuvieron es que se la llevaron en un auto que paró a la salida del trabajo? Dos actos de suma perversidad caracterizarían la dictadura del 76-83: la desaparición forzada de personas y la apropiación sistemática de bebes. Quizás a nuestros adolescentes y jóvenes de la actualidad le resulte difícil entender qué es esto de la “desaparición”… podría pensarse como llegar a casa y que las personas que mas queremos no estén… primero esperamos un poco, nos inquietamos y luego de un tiempo salimos a buscarlas y no podemos encontrarlas… algunos dicen que están aquí, otros que allá, que se fueron del país, que se están escondidos dentro del país, se comenta que murieron, el rumor es que están encarcelados… salimos a buscarlos con las fotos que tenemos, que son las del documento o las de la libreta universitaria… están en blanco y negro y preguntamos… “¿Ud no vio a esta persona? ¿No la vio?..” Es necesario saber dónde están. Un desaparecido es como un alma en pena que no está ni en un lado ni en otro, y los seres queridos del desaparecido no pueden hacer duelo de quien no se sabe si murió, lo mismo sucede con las comunidades donde vivían, con las instituciones en las que participaban… con el pais. El acto perverso  apunta a inmovilizar no solo a familiares y amigos, intenta traslada el terror a lo social. 

            El poder localizar la ausencia fue la primera parte del duelo. El vacío que dejaron quienes estaban con nosotros, se convierte en llamado: “Nos llaman, nos ven, nos gritan” se decía en un primer tiempo… fotos en blanco y negro y siluetas inundaban el espacio público instalando socialmente el reclamo con la esperanza de recuperar a los muchos que se pensaba se encontraban vivos… esperanza que se fue desvaneciendo poco a poco. La aparición sin vida de algunos de los jóvenes secuestrados no solo inicia un proceso de duelo, sino un necesario reclamo de  juicio y castigo a quienes habían cometido crímenes atroces para quienes ya dejaban de ser “desaparecidos” convirtiéndose en víctimas del Terrorismo de Estado. 

            La memoria es un ejercicio necesario para todos. Sin pasar por las oscuras siluetas y fotos, sin adentrarse en el dolor de la ausencia se hace muy difícil poder recuperar desde otro lugar a quienes conocimos personalmente o formaron parte del relato de nuestra historia cercana del barrio, del grupo, de la parroquia, de la escuela…

 Que sus seres queridos y amigos tomen sus fotos, conversen sobre ellos, se emocionen y les den color tal como los recuerdan, desata sus imágenes en blanco y negro del horror al que han quedado anudadas, el producto será un cuadro inicial que luego será mural…  Si la condición de los duelos es que se a partir de la ausencia nos despidamos pieza por pieza de quienes queríamos, quizás sus sueños e ideales se reconstruyan pintando pieza por pieza… sobre la ausencia 

Lo que primero fue un cuadro se convirtió en cientos de pequeños cerámicos para que los amigos y miembros de la comunidad a la que pertenecieron, pudiesen pintar cada uno un pequeño cerámico que conformará el mural de la memoria, verdadera reconstrucción colectiva que articula la intimidad de los mas cercanos con la comunidad de pertenencia. Que quienes escucharon hablar de ellos, los relatos sobre sus vidas, o que simplemente se identifican con sus sueños también participen, abre el trabajo de elaboración a la comunidad pero ya no desde lo traumático de la muerte… se trata de reencontrarnos con sus colores, sus miradas, sus sonrisas, sus vidas, su ideales que son compartidos por guias y scouts. 

            Cuando en el grupo San Pio X el próximo sábado se inaugure el mural, posiblemente algunos recordaran a quienes fueron compañeros de ruta por un tiempo, otros recordaran a sus dirigentes, o lo que sus dirigentes les contaron sobre ellos… pero seguramente todos, aun los que hoy son lobatos, podrán tener la certeza de que están allí fundamentalmente por la forma en que vivieron, no solo por la forma en que murieron. Vivieron creyendo que era posible cambiar al mundo y se comprometieron con ello en un momento muy difícil de nuestro país. Los colores con que estará pintado el mural de los chicos y las chicas son los mismos colores que tomamos para tratar de pintar un mundo mejor a través del compromiso con nuestros ideales, con nuestros sueños compartidos.

            Al menos por ese sábado, voy a dejar mi viejo pañuelo azul y rojo de San Jorge a un costado, para calzarme imaginariamente el amarillo y blanco de San Pio X, grupo hermano con el cual compartimos orígenes, ideales, campamentos, curas, dirigentes que hoy ya no están… este sábado todos los scouts que compartimos los mismos ideales somos parte de San Pio X 

            María Clara Cioccini, Elizabeth Frers, Horacio Russin y Eduardo Ricci
            ¡Siempre listos!

            ¡Que bueno sería llenar los grupos y las instituciones con los colores de tantos hermanos scouts y guías que se comprometieron en el trabajo y la construcción de un mundo mejor!